Vivir en patines: metáfora sobre la consultoría de DO

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La consultoría con enfoque de Desarrollo Organizacional, sus esencias y posteriores desarrollos innovadores que rescatan los ingredientes de esta manera de acompañar a las organizaciones en el cambio, es precisamente el tema en el que nos centramos en el I Congreso que organizamos desde la Asociación de Desarrollo Humano y Organizacional en Valladolid el pasado mes de junio. Este Congreso, además de llevar tatuada la ilusión de ser el primero que organizamos desde la asociación, nacía con una carga de profundidad que nos apelaba a profesionales de la consultoría y la facilitación a repensar, precisamente, nuestra manera de acompañar esos cambios de las organizaciones.
 Este es el resumen. Pero permitirme, antes de seguir con el relato de ese encuentro, contaros una historia:
 ¡Salta! No, que me voy a caer. Tranquila, no te caes; antes de empezar a patinar debes aprender a saltar con tus patines. 
 Esta es la primera lección que recibí hace unos años cuando me animé a recibir clases de patinaje. Imaginaros la sensación: llego a la pista, me calzo los patines, le miro al monitor y espero que me ayude a levantarte. No lo hace. A duras penas recupero el recuerdo de mi infancia sobre esos hierros de cuatro rueditas. Me río por no llorar. Finalmente logro ponerte en pié. Me aferro a lo que sea para sostenerme y en ese momento el instructor me dice: ¡salta! 
Mi risa nerviosa se engancha desesperada a la idea de una posible broma para novatos del patinaje. Error. No se trata de ninguna broma. Esto va en serio. Vamos, ¡salta ya! Él, insultantemente ágil, se eleva plegándose hasta tocar con las ruedas el culo. El resto, impulsamos nuestros brazos hacia arriba, estiramos las piernas haciendo desaparecer la flexión de la rodilla y elevamos las cejas en un intento por despegar las ruedas del suelo. Horror. Hay que volver a intentarlo. La mera idea de sentir el duro asfalto sobre mi cuerpo me aterra. He venido a aprender a patinar para no caerme, no a provocar una caída antes de tiempo. Las excusas no valen. Sigo intentándolo y salto. Logro despegarme del suelo un centímetro aproximadamente. Compruebo que no me caigo y continuo saltando, ahora un poquito más. Conforme gano altura voy llenándome de confianza. 
Bueno, ya está, empieza la clase. Nos hemos acostumbrado a la inseguridad y nos sentimos algo más seguros en ese lugar. Ahora ya podemos patinar. Hoy es el día que cada vez que me calzo los patines lo primero que hago es saltar; saltar para equilibrarme en el desequilibrio.
De esta anécdota me acordé cuando asistía al Congreso porque uno de los aprendizajes que me ha quedado sobre nuestro trabajo, desde el enfoque teórico del Desarrollo Organizacional (DO) y el papel que hacemos en el acompañamiento, tiene que ver con esa idea de generar inestabilidad para sentirnos más estables, y con el mensaje que lanza Weick sobre alternar entre el orden y el desorden:
“La organización, debe alternar estadios de estabilidad y orden con procesos de cambio, innovación y desorden”.  (Weick, 1995)
Considero que el orden lo llevamos las personas bien puesto: armamos estructuras y procesos para asirnos a ellas cuando sentimos peligro, cuando nos vemos inseguras. Pero ¿y el desorden? ¿Qué pasa con el vértigo que produce el desorden, la inestabilidad, la realidad imprevisible y el futuro incierto? Parece que el desafío de la organización, de quienes vivimos en ella o en torno a ella y del propio marco teórico al que nos vinculamos, podría estar en saltar, desequilibrarse para mantenerse en pie mientras tejemos el futuro
En el Congreso hablamos precisamente de eso, de cómo tejer el mañana de las organizaciones con el alimento del enfoque del DO, su origen y posterior desarrollo y convivencia con nuevas formas de hacer, acompañar y construir integrando esa variable: el suelo que constantemente se mueve bajo nuestros pies en el diseño de un futuro incierto. Vivimos, como sugería antes, en la ilusión de pisar tierra firme, pero avanzamos sobre unos patines que, recién puestos, nos impiden movernos con agilidad y, en ocasiones, nos inmovilizan ante la amenaza de una fuerte caída. Así nos asimos a los relatos que confirman lo bien que estamos donde estamos y como estamos, no vaya a ser que un impacto brusco nos quiebre la osamenta. Pero ¿cuánta inestabilidad podemos incorporar y cómo podemos trabajarla para poder avanzar? 
Las y los profesionales del DO acompañamos, pero vamos en patines. Me explico. Este acompañamiento lo hacemos desde la aproximación al desafío, sintiendo el movimiento bajo nuestros pies. El cliente transmite su realidad, una verdad a escuchar, atender y sobre la que conversar. Es entonces cuando el diálogo se convierte en una herramienta fundamental para construir ese espacio de significado y sentido compartidos entre la persona que acompaña y quien es acompañada. Desde ese lugar emergen nuevas preguntas para la reflexión, sin verdades absolutas, sin blancos ni negros. Nacen así las hipótesis sobre las que avanzar en el acompañamiento al cambio, abriendo un camino en construcción y permanente movimiento. Un camino junto a la persona, cliente, responsable en su organización y consciente, más que nadie, del futuro que debe tejer. Para mí, el gran reto de la consultoría con enfoque de DO con la que elegimos trabajar consiste en acompañar a esas personas siendo consciente de que ellas también van en patines y sienten ese suelo frágil bajo las ruedas. Sabiéndonos así, me gustaría cerrar este relato jugando con esa metáfora con la que empezó: 
¿saltamos?
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Promovemos el cambio en las personas y en las organizaciones

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