El camino hacia el cambio

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Hoy quisiera escribir sobre esto que decimos que es el cambio organizacional. Nosotras, desde Funts Project, hicimos una declaración inicial de intenciones: acompañar a las organizaciones en el cambio. Hoy esto del cambio parece que trasciende a las modas del management y pasa a ser un must de la realidad empresarial. Cualquier elemento que vuelva nuestras organizaciones rígidas será un obstáculo en la carrera de mañana porque los músculos deben estar bien laxos y listos para adoptar la forma que el momento demande. Así, la tarea de acompañar a personas en esta preparación para el cambio se hace ardua pero al mismo tiempo interesante.

Uno de estos ejemplos de acompañamiento lo vivimos antes del verano en Asprodisis. Esta organización pertenece a un sector que está en movimiento y, en este caso, hablamos de un cambio radical, nuclear que afecta a la propia consideración de la persona con diversidad funcional como ciudadana de pleno derecho. Este hecho, internacionalmente reconocido por la correspondiente Convención, concede a la persona un lugar distinto del que había tenido hasta entonces en la sociedad. Este nuevo lugar que se ocupa en un nuevo paradigma hace que otras personas (profesionales y ocupantes, a su vez de esos viejos lugares) deban reajustar su cuerpo para ubicarse en otros espacios. De este modo, el nuevo posicionamiento permitirá que el sistema se reorganice de manera óptima para hacer lo que debe hacer que, en el caso que nos ocupa, es prestar el apoyo necesario a la persona con diversidad funcional para que ésta sea ciudadana de pleno derecho.

 Y este es el marco de cambio que, como narraba, nos llevó a Asprodisis; organización ésta, que como tantas otras, reclamaba también acompañamiento para la puesta a punto de esta carrera. Pasados los meses soy consciente de que en la carrera del cambio encontramos organizaciones situadas en distintos puntos de avituallamiento. Este hecho, en sí mismo, no es bueno ni malo, simplemente es. Lo importante es que cada organización sepa qué distancia está corriendo, por qué y para qué está compitiendo, se sienta lo suficientemente bien preparada para afrontar el reto que previamente ha establecido y controle las fuerzas y los tiempos para que ninguna de esas variables le desestabilice. En consecuencia, y este también es un aprendizaje que me llevo a mi esfera privada, no podemos azuzar a nadie para que apure el paso y lleve el ritmo que consideramos debe llevar en este esfuerzo de fondo.

Volviendo al cambio en Asprodisis, ¿cuál fue la encomienda?: el empoderamiento. Pero ¿de quién? En el nuevo paradigma que mencionábamos, las personas con diversidad funcional deben sentirse empoderadas para ejercer su derecho y vivir su vida acorde con su elección. Para ello cuentan con profesionales, entorno, familia y comunidad que les apoya. Uno de los apoyos que históricamente ha tenido un papel relevante ha sido el de las y los profesionales. Pero ¿quién empodera a los/las empoderadores/as?

Para este viaje necesitábamos herramientas y una buena era la toma de conciencia, la mera toma de conciencia de lo que eran y donde estaban. Sin más y con todo lo que ello supone. Ser consciente de es un paso vital para el cambio. Así, trabajamos la historia, la cultura, el pasado construido, cronológicamente pintado, hasta llegar al presente: es importante ver lo que uno ha sido y cómo fue, para saberse hoy en lo que es. Vemos que los grandes saltos a futuro pueden ser más asumibles si tomamos conciencia de los grandes saltos que nos han traído desde el pasado.

Otra de las claves en este periplo fue la palabra. Habitar la palabra decíamos, sintiendo que, en ocasiones, llegamos a creer que el mero uso del verbo nos lleva a la acción. Esto no es así. No por repetir la palabra se crea la realidad. Aquella debe habitarse y así trabajamos con el “empoderamiento”: manoseándolo, cortándolo, desmenuzándolo, analizando para saber lo que hay detrás y lo que puede tener dentro. Sólo así podemos hacerlo nuestro, vivirlo.

Y este trabajo se hace en comunidad: la toma de conciencia, habitar la palabra y acompañar todo ello con el compromiso por empezar a hacer distinto hoy desde ahí, con el derecho, cómo no, a equivocarnos por el camino. 

Pero este proceso es parte de un todo porque en esta tarea de considerar personas a las personas, la comunidad y el entorno también cuentan. En ella viven agentes del sistema que deben integrarse en la ecuación para que el resultado sea óptimo. En consecuencia, la organización no sólo trabaja desde dentro para que el cambio se perciba fuera sino que trabaja también fuera para que, quienes nunca entraban, hoy lo hagan y lo de dentro siga cambiando. Abre con ello una vía de doble sentido. Tal vez así logre dotar de movimiento constante una estructura que se sabe viva y en cambio. Porque si algo parece que se necesita es precisamente eso: movimiento, medido y constante, para que los músculos estén preparados para vivir en el cambio.

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Promovemos el cambio en las personas y en las organizaciones

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