De la sabiduría práctica a la competencia

Diálogos para emprender
febrero 18, 2016
La Batidora: creatividad con impacto social
marzo 10, 2016

Hace poco hemos terminado el acompañamiento de un proceso precioso. Tratábamos de recoger la “sabiduría práctica” de un grupo de personas y trasladarlas a las competencias.

Vamos por pasos. Hablar de lo que una persona hace en su día a día es liberador, porque traslado las cosas positivas y las no tan positivas de lo que yo hago; motivador, porque reconozco y compruebo que hago bastantes cosas que contadas constituyen un “mucho”; enriquecedor, porque cuando comparto mi sabiduría nutro la de otras personas y la mía, en una devolución nutrida, también crece y retador, porque puedo ver que con mi sabiduría he construido hasta llegar al punto en el que estoy y, en consecuencia, seguiré construyendo.

Todo esto sucede cuando hablamos de lo que hacemos y cómo hacemos en nuestros trabajos y compartimos quehaceres. Pero no se trata de competir por ver quién hace qué o quién hace más o mejor, no. El desafío a la hora de facilitar un proceso de estas características está en poner en valor todas y cada una de las experiencias que tenemos y complementarlas con las que otras personas tienen.

En este punto del proceso es cuando paramos – porque siempre se hace una parada técnica – y subrayamos el  valor sustantivo de palabras “secuestradas” como la escucha, el respeto, el diálogo, el grupo. Estos conceptos están tan manoseados que no sabemos cómo utilizarlos y si queremos construir conocimiento desde el reconocimiento de la sabiduría práctica, su uso debido es fundamental.

Sostener el espacio de la emoción cuando se habla de un trabajo, puede ser duro, intenso, en ocasiones terminas desfondada pero siempre agradecida.

Trasladar toda esta información y experiencia a las competencias sigue siendo un proceso complejo. Porque cuesta entender el sentido de una competencia si no está engarzada en unos comportamientos que son míos, propios, nuestros, pero evidentes y evidenciables. Y cuando llegamos a estas competencias desde la narración de la experiencia se entienden mejor y además se entienden necesarias. Necesarias para seguir avanzando desde ahí, desarrollando y creciendo.  

La competencia también parece una “palabra secuestrada” en el diccionario organizacional. Considero que debemos dignificarla para poder así recuperar su sentido más allá del sustantivo.

funtsproject
funtsproject
Promovemos el cambio en las personas y en las organizaciones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *