Educación: entre pasado y futuro

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Firma invitada: Aitor Urresti González. Ingeniero, profesor universitario y activista.

La sociedad y las organizaciones están cambiando poco a poco, desde modelos muy jerarquizados, hacia nuevas formas de organizarse más horizontales, en muchas ocasiones basadas sobre los principios de intercambio entre iguales y el diálogo. Este cambio de modelos están cogiendo a muchas empresas con el pie cambiado, pero también a muchas personas, que no se sienten cómodas en esos nuevos entornos. A fin de cuentas, hasta ahora la educación se ha basado sobre todo en lo que se entendía por ser “un buen profesional”: ser una persona productiva, que es capaz de responder a los requerimientos de la empresa. Pero los nuevos modelos de organizaciones, requieren de gente que sea más proactiva, creativa, que tenga ideas nuevas y sea capaz de llevarlas adelante trabajando en conjunto con el resto de compañeras.

En estos momentos de cambios, está claro que el sector educativo tiene que ser uno de los que impulse la transformación, fomentando la creatividad de las personas, desde el inicio de la etapa educativa, y alimentando una actitud crítica ante la realidad. Pero a pesar de que esto sería lo más deseable, nos encontramos con barreras importantes que impiden desarrollar plenamente las capacidades de las personas. Sin pretensiones de ser muy exhaustivo, y basándome sobre todo en mi propia experiencia como profesor de ingeniería en la universidad, me suelo encontrar con las siguientes barreras:

  • La primera barrera es sin duda en primera persona: ¿cómo fomentar la creatividad de mi alumnado? ¿cómo conseguir que sean capaces de hacer una lectura crítica de lo que les rodea? ¿qué tipo de competencias y capacidades tengo que desarrollar para que encajen en los nuevos modelos organizativos? O dicho de otra forma, ¿quién educa a los educadores? A fin de cuentas, quienes estamos educando a los “profesionales del futuro”, somos “profesionales del pasado”, educados con los valores y los parámetros que imperaban hace varias décadas. Estamos tan perdidos o más que el resto de la sociedad ante estos cambios, pero es a nosotros a quienes se nos exige ser capaces de impulsar este cambio desde las aulas. Y sin tener claros todavía los objetivos, y sobre todo sin las herramientas para conseguirlos, nos movemos demasiadas veces en la incertidumbre, usando el viejo método científico: prueba y error. Y eso, evidentemente, el profesorado que por lo menos tiene alguna inquietud, que tampoco es tan abundante.
  • Junto a esto, nos encontramos con un problema mayor, que es el sistema educativo. Llevamos años de cambios continuos del sistema educativo, en todos los niveles. Cambios del sistema educativo impulsados por cada nuevo gobierno, que parecen más impulsados por el deseo de dejar su propia marca, más que por las necesidades reales del proceso educativo. Y estos cambios nos tienen “entretenidos”, reajustando continuamente el plan educativo, dejándonos sin tiempo para el debate de fondo, que no es otro que analizar la mejor manera de educar a las personas que van a formar parte de esta sociedad cambiante.
  • Y no podemos olvidar otra barrera, las propias personas, o más en concreto, la sociedad, ¿está dispuesta a asumir este cambio? ¿Encajan las personas creativas en nuestra sociedad? Desde luego que se nos ocurren muchos ejemplos de personas que gracias a su creatividad, a mirar las cosas desde otra perspectiva, a observar la realidad con una mirada crítica, o a su capacidad de trabajo cooperativo, tienen éxito. Pero también nos vendrán a la cabeza mucha gente que se ha quedado en el camino, porque no encajan, porque se les considera excéntricas, porque siempre le quieren dar la vuelta a todo, en lugar de asumir lo que se les presenta. A fin de cuentas, estamos en un momento de cambio en el que la sociedad se está reajustando a nuevas formas de ser y de hacer, y estos cambios no están ocurriendo de manera homogénea.

No podemos olvidar que el sistema educativo está formado por personas, y que somos parte de la misma sociedad que vive entre la desorientación y la ilusión los cambios que se están dando. Como parte de la sociedad, también nos movemos en ocasiones con esa desorientación, titubeando ante la falta de herramientas y la indecisión de no saber todavía hacia dónde va a caminar nuestra sociedad en este siglo XXI. Eso sí, hay muchos docentes a quienes esta indefinición no nos desanima a seguir avanzando para conseguir que  nuestro alumnado se convierta en personas realmente maduras, críticas y creativas, que se sepan manejar bien en el entorno cambiante que les va a tocar vivir.

AitorAitor Urresti (@Mugatik) Bilbao 1975. Ingeniero, activista social, energético y ambiental. De siempre he sido un inquieto en la vida, tal vez buscando un sitio en el que encajar, lo que me ha llevado cuestionarme mucho (a veces hasta demasiado) las cosas que se dan por hecho en la vida. En la actualidad soy profesor universitario en el Grado de Energías Renovables de la Universidad del País Vasco.
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